Leyenda del perro prieto

LEYENDA DE VERACRUZ

El canto del Tunkuluchú

La leyenda Cuenta la leyenda que las calles de Alvarado se colman de pánico por las noches, con la aparición de las sombras del perro prieto, que causa devastación y terror a su paso.

Todo comenzó, cuando en Alvarado vivió un hombre que según cuentan robaba y fastidiaba a las mujeres del pueblo, circunstancia que ofendió a su gente, quienes cansados de sus fechorías eligieron sacarlo de la región, pero el hombre se adelantó a sus planes y se marchó sin dejar rastro.

Pasados unos días se comenzaron a cruzar por las calles con un animal parecido al mismo demonio, ya que además de sus horrendos y afilados colmillos, sus ojos parecían carbones encendidos.

Un día, al salir una señora del mercado con sus compras, se tropezó con un atemorizante perro prieto que no la dejaba pasar, aunque no ladraba, su temible mirada intimidó a la mujer, la cual no se atrevió a atravesar por donde se encontraba parado el animal.

El hijo de la señora le sugirió que le diera un pedazo de pan, suponiendo que únicamente tenía que ver con un perro hambriento; sacó del morral una parte de pan y se la entregó al perro, quien lo tomó, pero antes de que la señora retirará su mano, se la arrancó de un mordisco y salió corriendo, dejando espantados a todas la gente que en esos instantes acudían al mercado.

Otro día se encontró con unos campesinos que regresaban de su día de trabajo, los campesinos lo rodearon y quisieron acariciarlo, pero cuando se acercaron al perro, este atacó a uno de ellos en la pierna, abriéndole una profunda herida en la pantorrilla.

El hambriento perro atacaba a quien se le acercara y le mordía la mano o las piernas, llenos de temor la multitud empezó a dejar de arrimarse al animal, pero este sin importarle seguía ocasionando destrozos en la calle y demoliendo todo a su paso.

Cierto día, un hombre vio al perro demoliendo un puesto en el mercado; envalentonado, tomó una vara de pirul y empezó a golpear al perro con mucha fuerza, hasta que este quedó tirado en el suelo y por el momento no ha podido moverse; la multitud, satisfecha con la acción del hombre, se acercó a ver al perro muerto, mientras aplaudían esta acción.

Repentinamente, el perro se levantó sobre sus patas traseras y empezó a arrancarse el pellejo de la cara con sus patas delanteras, muestran para sorpresa de todos los presentes, el rostro del hombre irreconocible que desapareció tiempo atrás; este se quitó de encima el resto de la piel de perro y echó a correr frente la mirada atónita de la multitud del pueblo. Desde ese momento, nunca se volvió a saber de ese raro hombre.

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