Leyenda del pajaro Cú

LEYENDAS DE MEXICO

Un pajaro para recordar

Cuando el dios Tonatiuh gobernaba, en tiempos remotos, los pájaros, poseían el don de comentar como la gente.

Entre todos ellos, el más feo y el más insignificante era el pájaro cu. Cuando en las noches de luna llena, presididos por el águila, se reunían en consejo, el pájaro cu aburría a todos con sus lamentos.

No podía resignarse con su vulgar plumaje descolorido-Un día, el águila, cansada de tantas quejas, quiso buscarle un remedio, y hizo la pregunta al tecolote (la lechuza), que había ganado valoración de sabia, si se le ocurría algo para embellecer al pájaro cu. La lechuza pensó extenso rato y al fin ha propuesto, solemnemente, que cada pájaro le diese una de sus más atractivas plumas.

Como éstos no se daban a conocer muy dispuestos a desprenderse ni de solo una de ellas, la lechuza creyó oportuno que, a cambio, el pájaro cu se convirtiese en mensajero de las aves, para lograr abonar con sus servicios el sacrificio que se hacía por él. De esta forma fue acordado. Las plumas de los más hermosos colores le fueron entregadas y él las recibió, rebosante de alegría.

Desde ese día, el pájaro cu fue el más bello de todos. Pero próximamente se olvidó de su compromiso; se pasaba las horas contemplándose en la área de las aguas y se escabullía siempre que alguna de las aves necesitaba sus servicios. Llegó un día en que el águila quiso reunir un concilio y encomendó al mensajero que avisase a todas las aves para que acudiesen a la actividad social.

El pájaro cu no se preocupó de cumplir el encargo, sino únicamente de seguir contemplando su deslumbrante plumaje. Cuando llegó el instante del consejo, el águila se descubrió sola. Atribuyendo la culpa a los convocados, acudió en su busca, y a picotazos los llevó, por las malas, al lugar indicado para la actividad social.

Una vez ahí,” todos levantaron sus quejas. Ninguno había recibido orden ni mensaje alguno. Han comenzado las injurias, las manifestaciones y las voces se elevaron cada vez más; tanto, que el dios Tonatiuh los oyó desde el cielo y les mandó callar. Pero los pájaros estaban tan enfurecidos, que continuaron sus gritos, culpando a la lechuza y al pájaro cu. Entonces el dios Tonatiuh extendió su mano y los condenó a perder la facultad de comentar.

Desde aquel instante sus voces se convirtieron en graznidos; pero su cólera contra los responsables de esta desdicha persistió. Aún hoy el tecolote no puede salir de día, porque se muestra a ser picoteado, y el pájaro cu, que tampoco puede salir más que a lo largo de la noche, debe esconderse de la lechuza, que le busca para agradar su venganza.

Su plumaje todavía es el más bello y el más brillante: prto de poco le sirve, ya qu nadie lo ve. Sólo él se lo alaba, lastimosamente, contemplándose como antño en la área de las aguas.

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