Leyenda del sillón del Diablo

LEYENDAS DE ESPAÑA

El sillón del descanso eterno

Transcurrida la mitad del s. XIX, limpiando en un trastero de la Facultad de Valladolid (Castilla y León), un bedel se topó con una silla abandonada en una esquina, como un trasto más. Agotado, tomo la decisión de sentarse un rato. Tres días más tarde lo hallaron en el trastero, en la misma esquina, en la misma silla, muerto. Al cabo de los años un segundo bedel murió en las mismas circunstancias, las alarmas se dispararon y ahí fue cuando se fraguó la leyenda.

Pero la historia se remonta a inicios del s. XVI. Mas concretamente al año 1550 cuando se fundó la primera clase de anatomía humana en España en la Universidad de Valladolid, en la cual se encontraba matriculado un joven Andrés de Proaza, quien sentía una gran atracción hacia el estudio del cuerpo humano. El estudiante tenía su domicilio en la calle Esgueva. Entre los vecinos, corrían rumores de que el joven era practicante de magia negra y comentaban que por la noche se escuchaban gemidos y llantos provenientes del sótano de la vivienda.

Las sospechas aumentaron cuando se hizo pública la desaparición de un niño de 9 años cerca de donde vivía Andrés, por lo que los vecinos del lugar acudieron a denunciar los hechos a las autoridades, quienes inmediatamente se trasladaron al domicilio del joven, encontrando en el sótano el cuerpo del niño desaparecido completamente despedazado, debido a una autopsia que le había sido practicada cuando se encontraba aún con vida.

Cuando la Inquisición le detuvo por asesinato, tortura y pacto con el diablo. Las autoridades le sacaron la confesión del asesinato, pero no de un convenio demoníaco. Sí admitió que poseía un sillón, obsequio de un nigromante de Navarra, que al sentarse en el entraba en trance y recibía la sabiduría del diablo para la curación de enfermedades. Aseguraba que sólo un médico titulado podría utilizarle, y que si alguna otra persona se sentaba en el o intentara destruir el mueble. moriría a los tres días...

Hoy en día, el sillón está en el Museo Provincial de Valladolid.

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